Se trata de una intervención terapéutica breve que se ocupa, por una parte, en eliminar los síntomas o el comportamiento disfuncional, y por otra, en producir un cambio de las modalidades según las cuales la persona construye su propia realidad personal e interpersonal.

Desde un punto de vista estratégico, para cambiar una situación problemática no es necesario desvelar las causas originarias sino trabajar sobre cómo tal situación se mantiene en el presente.

Por este motivo, desde el inicio de la terapia, el terapeuta estratégico se enfoca sobre la ruptura del círculo vicioso establecido entre las soluciones intentadas por la persona, para encontrar una solución, y la persistencia del problema.
Así se trabaja sobre el presente más que sobre el pasado, sobre cómo funciona el problema más que sobre el “porqué” existe, sobre la búsqueda de las soluciones más que de las causas.

De esta forma, la persona adquiere la posibilidad de afrontar el problema sin rigidez y sin estereotipos, disfrutando de la ventaja de poder desarrollar diversas estrategias de resolución.
Para alcanzar los objetivos acordados entre paciente y terapeuta, la intervención estratégica es de tipo activo y prescriptivo y debe empezar a producir resultados desde la primera sesión.