Esta es una estrategia que hemos aprendido de niños.

Todos hemos padecido los sermones de los padres, cura, maestros…

Si puntualizar es llevar la relación afectiva a una comunicación casi de tipo científico y recriminar se parece a un lenguaje jurídico, sermonear es sin lugar a dudas totalmente religioso.

El efecto tragico de sermonear es el de hacer surgir en el otro el deseo sutil de trasgredir las reglas morales mas que acatarlas.

¿A quien no le ha sucedido rebelarse directa o indirectamente antes un sermón, trasgrediendo las prescripciones o traspasando los limites impuestos? 😉